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San José Obrero

El primero de mayo de 1955 el Papa Pío XII instituyó la fiesta de San José Obrero. En una época donde las reivindicaciones de los trabajadores y la pauperización social de los obreros eran evidentes, el Santo Padre quiso que en este día el humilde obrero de Nazaret fuese “el próvido guardián” de los trabajadores y las familias.

Esta fiesta es fruto de la cristianización de un día establecido por los sindicatos de trabajadores ante los problemas derivados de la industrialización. En esos convulsos siglos XIX y XX, con las ideologías revolucionarias agitando las almas por el mundo, la Iglesia era acusada de ser una aliada del capitalismo para algunos, dentro de ese esquema de la lucha de clases.

La fiesta de San José Obrero parte del amor a Dios por el hombre y el ensalzamiento, una vez más, de San José como poderoso protector y modelo de los trabajadores. Una fiesta que se une a las necesidades del trabajador (vivienda, horario laboral adecuado, salario justo), valorando su dignidad.

Este día enlaza directamente con la doctrina social de la Iglesia, manifestada en documentos apostólicos como la “Rerum novarum”, “Mater et magistra”, “Populorum progressio”, “Laborem exercens”, “Solicitudo rei sociales”, etc. La Iglesia se pronuncia en ellos sobre la dignidad de los trabajadores y los límites que no deben de sobrepasarse, de modo que el trabajo esté al servicio del hombre y no al revés.

La de San José Obrero es una fiesta que vale para todos los trabajadores, tanto en el campo como en la ciudad, en el comercio o la universidad. Allá donde el trabajo se ejerza y ayude en la santificación del hombre, está San José Obrero como patrono. En este día podemos descansar con regocijo y recordar que con el trabajo diario se puede honrar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo.

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