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San Andrés Tran Van Trông

Negarse a un gesto tan sencillo como pisar un crucifijo, llega a ser algo heroico en tiempo de persecución. La fe de este humilde tejedor de seda, heroica, y su respeto por el símbolo de la cruz cristiana nos interpela a nuestra cultura irreverente e iconoclasta. En este 28 de noviembre, el testimonio de San Andrés Tran Van Trông no nos deja indiferentes.

Van Trông nace en 1810, en el seno de una familia cristiana. La fe se la transmite de su madre, de forma no menos heroica en un país como el Vietnam, en el que el cristianismo estaba perseguido.

En su veintena ingresa en la Compañía real de tejedores de seda. La persecución religiosa empezaba a recrudecerse por aquellos años bajo el reinado de Minh Mang, que profesaba un firme confucianismo. En 1833, Minh Mang había prohibido toda actividad misionera y obligaba a los cristianos a abjurar de su fe a favor de las tradiciones religiosas de Vietnam.

Al joven Van Trông le llegó el turno, como funcionario real, de abjurar del cristianismo pisando públicamente un crucifijo. La fe de este vietnamita hizo que se resistiera a llevar a cabo ese gesto, negándose en repetidas ocasiones. ¿Qué certeza grande tenía que posees San Andrés para agarrarse incluso al cuello de un soldado y a encoger las piernas para no arriesgarse a pisarlo bajo ningún concepto?

Fue llevado a prisión como un delincuente, siguiendo en su resistencia a apostatar. Durante este tiempo en prisión, mostró tal mansedumbre y bondad con su entorno, que los guardias le permitían ir a visitar a su madre y le daban licencia para ir a confesarse con un sacerdote.

Finalmente fue sentenciado a morir por su fe, un 28 de noviembre de 1835. Fue acompañado por su familia en su camino al patíbulo. Fue canonizado el 19 de junio de 1988 por el papa San Juan Pablo II.

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