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Ordenación diaconal de Juan de Dios Prieto y Rubén Ávila

Este domingo 30 de junio, la Santa Iglesia Catedral, albergó la celebración de la admisión a las Sagradas Órdenes en el ministerio de diácono de dos seminaristas de San Cecilio: Rubén Ávila y Juan de Dios Prieto. Compañeros desde 2012, los dos seminaristas fueron considerados dignos por parte del Pueblo de Dios y admitidos al ministerio del diaconado, previo a la ordenación sacerdotal.

El templo catedralicio se llenó de fieles, familiares y amigos de ambos seminaristas que, con este paso, unen su “sí” a la llamada del Señor a la que han estado respondiendo al menos durante todo este tiempo de formación en el Seminario San Cecilio.

Naturales ambos de Granada, Juan de Dios Prieto y Rubén Ávila recibieron de parte del Arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez, la imposición de manos por la que se les confiere la gracia del estado diaconal, después de haber mostrado su voluntad de consagrarse y habiendo sido considerados dignos de su admisión al diaconado.

Durante la ceremonia, en la que se leyó la llamada de Elías y Eliseo, y se escucharon las palabras de Jesucristo en el Evangelio, “el que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios”, Mons. Martínez se mostró gozoso de recibir a quienes denominó como un “regalo para la Iglesia de Granada”. Al mismo tiempo, les recordó que esta vocación no es sino un “don” en el que cada uno de ellos está llamado a vivir de “una alegría que está vinculada a vuestra pertenencia total y sin reservas a Jesucristo”.

"EL SEÑOR NO FALLA"

Durante su predicación, D. Javier Martínez les animó a mantener confianza en la promesa de Dios sobre la que está fundada su vocación, pues “el Señor no falla, el Señor no abandona, el Señor no nos deja nunca a nuestras fuerzas, sino que está siempre con nosotros”, dijo dirigiéndose a ambos.

El Arzobispo les recordó igualmente la forma de su misión, llamada a “construir” la Iglesia, a edificar ese Pueblo de Dios “donde uno puede reconocer a Cristo presente”. Para ello, les invitó sencillamente a empezar por no tener una concepción de la vida utilitaria, “donde ni los bienes ni las personas son instrumentales a mis planes, a mis proyectos”.

Lo importante de un llamado al celibato por el Reino de los Cielos es mantener la alegría de este mismo don, del que tiene hambre el mundo, como apuntó D. Javier Martínez. “Si Cristo vive en nosotros, si Cristo está en nosotros, surge una humanidad nueva de la que el mundo tiene hambre, tiene sed. Hambre de unas relaciones humanas buenas, verdaderas, fraternas. No solo justas, sino buenas, fraternas. Construir un mundo de hermanos, por supuesto, en la Iglesia, pero también más allá de la Iglesia”, subrayó.

Los dos seminaristas se postraron ante el altar y frente al resto de la asamblea litúrgica, iniciando la oración litánica en la que se pide la intercesión de los santos. Tras ello, los nuevos diáconos se revistieron con la estola y dalmática diaconales, y recibieron el abrazo del Arzobispo.

Al final de la Eucaristía, en la que tanto Juan de Dios como Rubén participaron desde las nuevas funciones de su ministerio, D. Javier Martínez comunicó que el nuevo destino al que irán ambos será la localidad de Almuñécar: “los dos van a ir juntos a este lugar en el que hace mucha falta, en donde hay un solo sacerdote para atender ahora mismo casi a 140.000 personas en este verano”.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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