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La parroquia de periferia que es ya el orgullo del barrio

Gracias la reforma de su estructura y a la vida de su comunidad, la parroquia de San Antonio en la zona norte de Motril ha ido convirtiéndose en uno de los puntos de referencia de la Iglesia motrileña. De ser una ermita en ruinas en un barrio marginal, San Antonio es hoy un lugar acogedor con una comunidad parroquial que crece como una familia.

La comunidad parroquial de San Antonio de Padua ha cambiado ciertamente en los últimos años. La estética del edificio, que ha pasado de ser una ermita en ruinas tras la guerra a consagrar su nuevo altar este sábado 18 de julio, refleja la mejora de la vida de la comunidad parroquial que lo impulsa.

No es un lugar que esté precisamente a mano. Para llegar a ella hay que coger el coche normalmente o subir a pie. “Cuando yo llegué a la parroquia, San Antonio era como un lugar alejado y tenía el sambenito de ser un lugar de la periferia en todos los sentidos”, cuenta D. Juan Bautista Amat, párroco de San Antonio durante los últimos doce años.

Lo cierto es que este alejamiento, el hecho de llevar años como apartado en un barrio pobre, no ha sido sino una oportunidad para que de ahí naciese la vida de un grupo humano cada vez más cohesionado.


LA VIDA DE LOS SALONES PARROQUIALES

El secreto de este crecimiento ha sido posible en buena medida gracias al cuidado de las zonas comunes, que antes no existían, de los salones parroquiales que se construyeron en la parte posterior de la ermita.

Un punto importante para la vida parroquial fue la construcción de estos salones parroquiales. “La parroquia tenía un gran patio en la parte de atrás. Cuando llegó D. Juan Bautista, al poco tiempo cerró ese patio con una nave grande, y puso una cocina, de modo que la comida, la fiesta, las reuniones y todo ese compartir, han hecho que naciese esa vida de parroquia”, explica D. Alberto Sedano, que será el próximo párroco de San Antonio a partir del mes de septiembre.

En estos salones se han ido llevando a cabo numerosas reuniones, convivencias, charlas de formación e incluso obras de teatro. Gracias a este cuidado de la vida común y a su carácter acogedor, San Antonio de Padua es una parroquia a la que ya acuden fieles de las Angustias, de la Calle Ancha, de la Divina Pastora o del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza de Motril, cada vez que se organiza una comida.

Este cambio ha sido posible gracias al grupo de seglares comprometidos que han dedicado tiempo y esfuerzo, además del trabajo de todos los presbíteros que han pasado ya por allí. “Yo siempre digo que cuando me he encontrado gente buena y acogedora, es porque hay que darle gracias al trabajo de los anteriores. A mí me ha tocado vivir un tiempo muy distinto al que pudieron vivir D. Diego Gutiérrez, D. Manolo Velázquez, D. Ángel Moreno o D. Manuel Mingorance”, concluye Amat.

LA JUVENTUD DE LA SANTA CENA

Además de la construcción del Hospital comarcal de Santa Ana, que dio un impulso al barrio y a la vida de la parroquia, la adscripción de la joven Hermandad de la Santa Cena a la parroquia en 2015 ha sido sin duda un factor determinante en el florecimiento de la vida en San Antonio.

Cinco años atrás llegó como la única hermandad de la zona norte motrileña y se han convertido un núcleo determinante en la parroquia. “Lo hemos afrontado con fe y esperanza, porque han sido muchos años para que se lograra que se fundara la hermandad”, explica su Hermano Mayor, Antonio Jesús Sánchez, que está satisfecho después de todos estos años de entrega y agradecido de la acogida brindada por el párroco, que siempre les ha dejado las puertas abiertas.

Esta hermandad ha estado detrás de cantidad de actos, reuniones, convivencias y colonias que se han ido proponiendo en la parroquia. “La verdad es que gracias a Dios tenemos mucha gente joven y gente de los inicios. Hemos logrado consolidar un grupo humano muy fuerte, que es lo que se intentaba en la zona norte Motril”, explica Sánchez, que nos cuenta cómo han ido despertando el cariño de la gente del barrio, especialmente por su cuidado de las fiestas de San Antonio.

La Santa Cena encuentra está ahora satisfecha al ver cómo el grupo escultórico de la hermandad preside el altar mayor de la iglesia. Una muestra de cómo la parroquia y la hermandad han trabajado juntos en este tiempo en el plano pastoral.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

 

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