Fecha de publicación: 11 de junio de 2019

Tras seis años de verificación en el convento de Santa Isabel La Real, en el Albaicín, Sor Sara del Amor de Dios ha profesado sus votos perpetuos. Lo hizo el 2 de junio, Solemnidad de la Ascensión del Señor. A sus 33 años, esta joven granadina se define como una “monja enamorada”, desbordada de alegría y profundamente agradecida con el camino recorrido hasta ahora, en primer lugar en su familia, educada en la fe, y a la Iglesia. Pertenecía a la quinta Comunidad Neocatecumal de la parroquia Virgen de las Angustias, cuando decidió dejar su trabajo en la Escuela de Magisterio La Inmaculada y seguir la intuición y el anhelo puesto por el Señor en su corazón para una vida plena y feliz.

– Podría decirse que has hecho un “acto revolucionario” en pleno siglo XXI, no muy común ni conocido quizás.

El 2 de junio hice la profesión solemne, que son los votos perpetuos. Soy monja clarisa de Granada, de Santa Isabel La Real. Le dije “sí” al Señor definitivamente. Muy contenta viendo la obra de Dios en esta historia tan preciosa que jamás yo hubiera pensado que yo pudiera tener la llamada del Señor. Hace siete años vine a Santa Isabel La Real a hacer una experiencia y el Señor me llamó a través de la Palabra. Yo, que soy una chica activa, con mi trabajo, una vida hecha, pude decirLe al Señor que sí, porque realmente me encontré con el amor de mi vida. He ido haciendo unos pasos a lo largo de estos seis años y el 2 de junio hice la consagración definitiva, los votos perpetuos, para siempre, en un mundo en el que realmente todo es provisional, pasajero, donde todo tiene fecha de caducidad. Y realmente, sí se puede vivir para toda la vida en clausura, en castidad, en pobreza y en obediencia. Yo me siento una chica joven, de 33 años, muy libre, muy contenta. Yo siempre digo que cuando veo un pajarillo en el cielo, me siento más libre que el pajarillo. Muy agradecida al Señor, a la Iglesia, a mis padres, a mi familia, por toda la historia que ha hecho. Soy la mayor de 15 hermanos. Yo he aprendido la fe principalmente a través de mi familia, y a través también del Camino Neocatecumal al que pertenecía. Y también estoy muy agradecida, porque me han enseñado lo que es vivir de fe.

– 33 años, una edad en la que muchos jóvenes piensan en otras cosas. No eres un “bicho raro”, ¿verdad?

No. Bicho raro no, porque yo he pasado por esa experiencia del “carpe diem”, el “aprovecha el momento”. Y quien experimenta eso sabe que es como un cohete artificial, que explota rápido y se va rápido. Y esta vida es vivirla en profundidad. Es como quien se adentra en un océano y está descubriendo que hay millones de peces preciosos, corales, arrecifes. Realmente, se puede vivir una vida en plenitud.

– La celebración litúrgica de la profesión solemne fue un momento de gracia, no sólo para ti, sino también para todos los que estuvimos presentes…. Cómo viviste ese instante.

Lo viví muy tranquila. Seis años de preparación es importante. Yo lo viví con una paz muy grande. Vi que el Señor estaba detrás y que me preparaba para ese momento. La celebración fue presidida por D. Javier, que para mi fue un regalo muy grande. Y ver a tanta gente, con la iglesia tan llena… Y lo pude vivir como si estuviera sola con el Señor. Aunque estaba toda mi familia, toda la gente, yo viví ese momento yo sola. Para mí, uno de los momentos más importantes fue la postración, en el que yo pude pedir por toda la Iglesia, por tanta gente alejada, por tanta gente que no conoce a Dios, que, en el fondo, están buscándolo y no lo saben. Y esa entrega total para mi fue como decir, como la Virgen María, “hágase en mi según tu Palabra”. Lo viví con alegría, con mucha naturalidad, no me emocioné. Yo les decía a las hermanas: “Es que estoy tan contenta que no me entran ganas de llorar”, porque me sentía como si el Señor realmente lo hubiera preparado todo. El Banquete estaba preparado para disfrutarlo ese día.

– Qué les dirías a aquellos que no comprenden ese modo de vida en clausura.

Me gustaría transmitir que realmente existe otra vida y nosotras estamos en el mundo pero no somos del mundo. Yo soy una chica joven muy activa, me gustaba –y me sigue gustando- hacer muchas cosas, pero existe la vida sobrenatural, es decir, aquello que vemos no de primera vista, sino que hay que ahondar. Como hoy vivimos tan en la superficie y todo es tan instantáneo y rápido, sin embargo todos tenemos necesidad de hace silencio, y pararse y escuchar la voz del Señor. Y realmente, el Señor te habla al corazón. Un corazón deseoso de escuchar la voz de Dios… Dios está enamorado de cada uno de nosotros. Y Él lo hace. Nuestra misión apostólica es la oración. Entonces, ¿por qué es posible vivir aquí en clausura 21 mujeres? Porque está el Espíritu Santo. Y la oración llega a todo el mundo. Por eso, yo siento que llego a tanta gente que no conozco, pero que sabemos que sufre: pobres, enfermos, matrimonios destruidos. Yo soy la primera que entiende que esta vida no se comprenda, porque es algo que no se ve a primera vista. Hay que pedírselo al Espíritu Santo porque es Él el que nos instruye.

– Cómo vivió tu familia primero tu entrada en el convento, después tus votos temporales y ahora los perpetuos.

Al principio, cuando salí de hacer la experiencia y dije que el Señor me llamaba, muy contentos. A mi padre le costó quizás un poco más, porque me conoce y pensaba “a ver si esto de mi hija no es algo impulsivo”. Por eso, al principio se mantuvo un poco recio, porque quería que la vocación se probara. Como veía que yo volvía al trabajo y estuve nueve meses trabajando y haciendo mi vida normal, vio que la llamada era de verdad y estuvieron muy contentos. Yo siempre, desde el principio, he tenido el apoyo de mis padres y de mi familia. Siempre hay gente que le cuesta más trabajo entenderlo, pero se alegran mucho también. Vivieron todos la celebración muy contentos. Mi padre me decía que entregar una hija al Señor es lo mejor que le puede pasar a unos padres. Fue un día de acción de gracias, de alabanza.

– Lo que has hecho es una auténtica “provocación” y una “provocación” muy buena, porque abre a una pregunta y la pregunta abre al Misterio de Dios.

Sí. En mi profesión había gente no creyente o no practicante, pero en el fondo se iban muy interrogados, como diciendo “aquí tiene que haber algo”. Claro, la idea que se tiene de una monja es de una monja mayor o que no tiene nada que hacer en la vida y por eso se mete a un convento. A mi mucha gente ya me había “enterrado” en vida. Y no. Todo lo contrario. Se encuentra la vida dándola y el Señor jamás quita, siempre da en abundancia. Yo nunca hubiera pensado que el Señor me pudiera hacer tan feliz. Yo soy una monja enamorada de Cristo, pobre y crucificado, como nuestra madre santa Clara decía. Y realmente, puedo decir que he conocido el amor y estoy deseosa de seguir conociéndolo por toda la humanidad, que conozcan realmente al verdadero Dios. Os llevamos en el corazón a todos y rezamos por todos vosotros.

Paqui Pallarés
Directora de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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