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Beato Tito Brandsma

El santoral católico nos pone delante este 27 de julio la vida del beato Tito Bransma. Un presbítero carmelita que murió por defender la fe y, tras dar testimonio de una caridad sin límites, fue asesinado en el campo de concrentración de Dachau. Fue un gran traductor y difusor de la obra de Santa Teresa de Ávila.

Nació en Bolsward, un pueblecito holandés de 10.000 habitantes, fruto del matrimonio de Tito y Postma, un veintitrés de febrero de 1881. Fue el quinto de los seis hijos con que el Señor bendijo a aquellos cristianos padres.
Dio pruebas de una preclara inteligencia y de un corazón de oro aunque encerrados en un cuerpo bastante debilucho.A los 17 años vistió el hábito del Carmelo exclamando, fascinado por su carisma: "La espiritualldad del Carmelo, que es vida de oración y de tierna devoción a María, me llevaron a la feliz decisión de abrazar esta vida".

En 1899 emitió sus votos como religioso, ordenándose presbítero seis años más tarde en Roma. Regresó a su tierra natal, Holanda, en donde se dedicó a una vida de apostolado escribiendo libros y artículos, predicando y dando cursillos o conferencias. Además de su labor como ministro de la Eucaristía, todo el mundo se admiraba de su gran energía y capacidad apostólica.

En sus artículos dedicados a otros maestros de espiritualidad hace referencia a Santa Teresa de Ávila y muestra un amplio conocimiento de su doctrina. En 1929 visitó España, pasando por los lugares de peregrinación teresiano- sanjuanistas como Ávila, Segovia, Toledo, etc. De ese viaje se conservan las tarjetas postales que fue mandando desde cada uno de estos lugares y que se conservan hoy en el Museo de Bolsward.

Era un alma de profunda oración, fervoroso sacerdote y profundamente sencillo y humilde. Fue cofundador de la Universidad Católica de Nimega, catedrático y Rector Magnifico de la misma. Realmente fue un personaje conocido, convertido en un verdadero asesor religioso de todos los periodistas de Holanda.

Fue capturado por una brigada de las SS nazis el 19 de enero de 1942. Pasó sus últimos meses en cárceles y campos de concentración dando a todos ejemplo de una fe inquebrantable, de fortaleza de ánimo, de paciencia y de exquisita caridad. Perdonó a sus enemigos y rezaba por ellos.

Acabó en Dachau, lugar en el que fue asesinado tras una inyección de ácido fénico, el 26 de julio de ese mismo año. Todos en el campo repetían: "Ha muerto un santo". Fue beatificado por Juan Pablo II en 1985.

 

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