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D. Antonio Sierra Leyva, mártir de Churriana de la Vega

Nacido y bautizado en Churriana de la Vega en 1876. Después de hacer el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza, hace los estudios eclesiásticos en el Seminario de San Cecilio.

Siendo aún seminarista fue acólito y sacristán de la Catedral. Recibió el presbiterado en 1091. Fue capellán de las Tomasas y sochantre de la Capilla Real. Después de ejercer el ministerio parroquial en Ojígares fue beneficiado de la catedral de Guadix. Finalmente fue capellán del colegio de la Divina Infantinta (hoy Inmaculada Niña) en Instinción.

Los primeros días de aquella persecución destructiva y violenta, que sufrieron todos los pueblos de España, los había pasado Don Antonio recluido en el referido colegio de la Divina Infantita. Por causa de este miedo, el siervo de Dios se había alejado de la ciudad de Guadix. Por el temor, se marchó al cortijo que había ofrecido una familia amiga; allí permaneció escondido por algún tiempo, al cabo del cual se trasladó a otra casa de campo. Allí fue sorprendido por una banda de malhechores, que lo llevaron a la cárcel del pueblo.

Padeció martirio el 15 de septiembre de 1936 en la carreta de Alicún d Alhama. Tenía 60 años.

El siervo de Dios, al ser descubierto, no ocultó su identidad “¿Tú eres cura?”, le preguntaron. “Sí, lo soy”. Y el discípulo, igual que si divino Maestro fue prendido y ultrajado. Con falsos halagos y mentirosas promesas le incitaban a que profiriese alguna blasfemia. Pero, no habían de conseguir que tales imprecaciones salieses de los labios de quien había dedicado su vida entera a la alabanza del Señor.

Al percatarse los milicianos de que no podrían conseguir lo que intentaban con sus diabólicas promesas, condujeron al siervo de Dios en dirección a la iglesia, para que pudiera ver con sus propios ojos las ruinas y escombros en los que habían sido convertidos el templo parroquial y la capilla del colegio: todas las imágenes del Señor, de la Virgen y de los Santos se encontraban mutiladas y tiradas por los suelos, así como los libros del archivo parroquial.

Después sacaron del pueblo al siervo de Dios, y le dieron muerte entre los términos de Illar y Alhama de Almería, en la llamada: “Cuesta de Juan Pascual”. Allí acabaron con la vida de un culto y anciano sacerdote, que ya estaba rondando los sesenta años.

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