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“Sed protagonistas y tened a Cristo como centro y raíz de todo”

En su intervención, Mons. Orozco junto a D. Javier Martínez y el Delegado diocesano de Juventud. En su intervención, Mons. Orozco junto a D. Javier Martínez y el Delegado diocesano de Juventud.

El Obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, habla a los jóvenes cofrades granadinos, en su ponencia con la que abrió la I Semana de Juventud Cofrade, celebrada en el Centro Cultural Nuevo Inicio del Arzobispado el martes 8 de enero, y que se prolongará durante toda la semana con otras intervenciones.

Ha sido su primera actividad pastoral pública en nuestra diócesis de Granada. La cita con los jóvenes cofrades era ineludible, habida cuenta que ha trabajado desde que fuera ordenado sacerdote en 1995 con los jóvenes y ha sido cercano a la religiosidad popular.

Mons. Francisco Jesús Orozco, Obispo de Guadix desde el pasado 22 de diciembre cuando fue Ordenado pastor de la diócesis hermana accitana, ha estado en Granada para invitar a los jóvenes a que sean “protagonistas”, recordando las palabras del Papa Francisco –“no balconeen”- en las que pide que no sean espectadores de la vida que pasa delante de ellos sin hacer nada por vivir y comunicar a Cristo.

Su visita se ha enmarcado en la I Semana de Juventud Cofrade, organizada por esta Pastoral granadina, y fue arropado por nuestro arzobispo D. Javier Martínez, quien ya en 1996, siendo Obispo de Córdoba, lo designó Delegado de Pastoral Juvenil de esa diócesis andaluza. Una pastoral –la de los jóvenes- que, el día de la Ordenación episcopal en la Catedral de Guadix, nuestro arzobispo animaba a D. Francisco Jesús a seguir cultivando, promoviendo y pastorear a partir de ahora con exquisito afecto a los jóvenes, sedientos como todos de respuestas a preguntas sobre su vida, su felicidad, sus inquietudes, preocupaciones y también alegrías.

“Sólo desde un encuentro verdadero el Señor cambia el corazón”. Con estas palabras también iniciaba D. Francisco Jesús su ponencia, ofrecida en la tarde del martes 8 de enero en el Centro Cultural del Arzobispado. Y lo hacía con una imagen con la que D. Francisco Jesús vibraba al inicio de la conferencia, igual que años atrás de haber sido tomada. Es la instantánea de una de las peregrinaciones a Guadalupe, que Mons. Martínez puso en marcha siendo obispo de Córdoba, y que veinte años después en la diócesis vecina andaluza sigue dando frutos entre los jóvenes como el primer día. La instantánea muestra a nuestro arzobispo y sacerdotes concelebrantes oficiando la Santa Misa al aire libre, con numerosos jóvenes sentados en el suelo en torno al improvisado altar (“Donde dos o más se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo, Yo estoy en medio de ellos” Mt 18, 15-20).

SER IGLESIA
D. Francisco Jesús quiso dirigirse a los jóvenes, para ayudarles también a tomar conciencia de que son “Iglesia, no cristianos de segunda clase”, y que forman parte de una porción de Iglesia, con expresiva manifestación pública en la vida social cada vez que deciden salir a las calles bajo un paso de palio, en el cortejo, o en cualquiera de las distintas funciones y pertenencia a una hermandad y cofradía. “Las cofradías sois vehículo o medio para un encuentro profundo con el Señor” y los jóvenes cofrades “sois un dique contra la secularización”, explicó el obispo accitano a los jóvenes.

“Sois Iglesia, y os convertís en asociación pública de fieles, para evangelizar”, les dijo, señalando así el sentido de la existencia de la propia Iglesia: la evangelización. Desde este enfoque, animaba a los jóvenes cofrades a ser misioneros de otros jóvenes como ellos y les recordaba que no son “una ONG ni asociación cultural” y que tampoco están “al servicio de la imagen, el poder, la apariencia o los intereses particulares” como tampoco pertenecer a una hermandad o cofradía puede ser “algo estético”. “Los jóvenes buscan encuentro y amistad profunda con Jesús”. Por eso, los jóvenes cofrades pueden ser misioneros también para otros jóvenes, les decía Mons. Orozco.

En este sentido, Mons. Orozco ayudó a los jóvenes a comprender que el Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia, crece en la comunión, en el trabajo y colaboración con otros grupos parroquiales, carismas y movimientos, contribuyendo así al bien del Cuerpo único que (aludiendo a 1 Corintios 12:12-27) como el cuerpo humano tiene distintos miembros y cada uno con su función y contribución para que el cuerpo sea cuerpo, así la Iglesia está formada por miembros con diferencias entre sí pero tendentes al bien del Cuerpo, y lo que hace daño o sufre un miembro, le hace daño o sufre todo el Cuerpo. Por eso, en este punto, Mons. Orozco insistió en la comunión eclesial, en la parroquia, con los obispos, los sacerdotes y miembros de otros carismas, grupos, congregaciones y movimientos, vivida “en la vida ordinaria”, la del día a día, porque “la Iglesia es una familia” y “desde la diferencia, contribuimos a la unidad”.

De la tentación de convertirse ellos mismos en el centro de todo –que Mons. Orozco definió como “ombliguismo” y “yoísmo”- y de caminar por la senda del individualismo, fomentada en este siglo XXI, el obispo accitano ofreció la clave: Cristo, centro y raíz de todo. Sin Cristo “no somos nada” y las actividades cofrades, adoraciones, participación en la vida de la Iglesia no tendrá sentido”, porque “sin Cristo no somos nada. Él es piedra angular” y sin Cristo la vida de las cofradías queda reducida a algo “costumbrista”, recordando el camino que es la participación en los sacramentos y la oración. Cuidarse espiritualmente, participar en ejercicios, en peregrinaciones, en la Jornada Mundial de la Juventud… todo ello alimenta ese camino para sortear el individualismo que azota nuestro mundo del siglo XXI, explicó D. Francisco Jesús. “Sólo Cristo tiene palabas de vida eterna”, señaló, al mismo tiempo que lamentaba que “hoy, a veces, Cristo se ha convertido en una opción más”.

Mons. Orozco también aludió al número 126 de la Exhortación apostólica del Papa Francisco “Evangelii Gaudium”, dedicada a comunicar la alegría del Evangelio: “En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización”.

Y recordó las palabras de san Juan Pablo II en su visita en 1993 a El Rocío, sobre religiosidad popular, señalando la vuelta a “las raíces evangélicas de Dios, por tanto, de Dios vivo”, y no renunciar a su “primogenitura”, a su heredad, que es ser Iglesia.

Mons. Orozco también agradeció públicamente el trabajo con jóvenes y la paternidad en la fe y afecto que siempre encontró en nuestro arzobispo D. Javier Martínez, desde que estuvo en Córdoba siendo Obispo de esta Diócesis, en 1996. El obispo accitano concluyó su intervención dirigiendo sus últimas palabras a la Virgen María y su “Sí” (“Hágase en mí según Tu Palabra”, en la Anunciación del Ángel a María, para ser el sagrario de la Venida de Dios hecho hombre a este mundo). El “Sí” de María que D. Francisco Jesús propuso a los jóvenes para ser –como indicara al inicio de su intervención- protagonistas de su propia vida y “renovar la historia como lo hizo María”.

PUEBLO SANTO DE DIOS
Posteriormente, en una breve intervención, Mons. Javier Martínez retomó el concepto cristiano de “pueblo”: “La Iglesia es el Pueblo Santo de Dios”, señalando al mismo tiempo que “uno de los pocos lugares que quedan de pueblo cristiano son las cofradías”, que expresan y viven públicamente la fe. “Lo que hay que hacer es un Pueblo cristiano”, subrayó nuestro arzobispo.

Mons. Martínez no obvió tampoco que el mundo que hoy vivimos es el de la confusión y mucha soledad –“un mundo que se muere a chorros”, afirmó- y es en esa realidad en la que los cristianos vivimos. “La Iglesia existe para evangelizar, es decir, para comunicar que hay un motivo para construir un mundo bello; que hay una razón para vivir”.

El acto, al que también asistió su Delegado Episcopal de Pastoral de Juventud, D. Javier Ortega, concluyó con el rezo por parte de todos los presentes de la oración del Avemaría.

Paqui Pallarés
Directora Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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