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San Gabriel de la Dolorosa

En este 27 de febrero subía al Cielo un mártir pasionista: San Gabriel de la Dolorosa. Su vida muestra la gran preferencia del Señor por él y la generosa respuesta que dio en la orden de los Padre Pasionistas, ayudado por su amor a María Santísima.

Nació en 1838 dentro de una familia de 13 hermanos, siendo bautizado con el nombre de Francisco Possenti. Su madre murió cuando él contaba con 4 años. Era un chico propenso a los ataques de ira y al mal genio. El amor de su padre le ayudó a ir dominando este carácter fuerte.

Estudió con los Hermanos Cristianos y con los Jesuitas. De joven era un chico elegante y alegre, muy enamoradizo. La lectura de las novelas le afectaba bastante. Al terminar su bachillerato, cayó gravemente enfermo y eso le llevó a ponerse más en relación con Dios. Casi moribundo, le prometió que si le salvaba de la muerte, se haría religioso. Al curarse, se olvidó de aquella promesa, y siguió normalmente con su vida.

Al año, una laringitis le vuelve a poner entre la vida y la muerte. Con fe, invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete irse de religioso. Cuando le colocaron la reliquia sobre el pecho, acaba curándose milagrosamente. Al poco pide ser admitido como jesuita y lo aceptan. Se siente muy mundano y cree que lo que necesita es una comunidad más rigurosa.

Le pide el favor a su padre para poder irse de religioso, pero él, que le conoce, cree que se va a aburrir enseguida en un convento. Francisco asiste al poco a una procesión con la imagen de la Virgen Santísima. Allí ve que la Madre lo mira fijamente y siente que ya no puede resistir. La charla entre su confesor y su padre hace que éste le acabe concediendo el permiso de entrar en los Padre Pasionistas. Allí cambiará su nombre por el de Gabriel de la Dolorosa.

Empieza a vivir en una comunidad donde se ayuna y se come poco. Los primeros meses son muy duros, pero no se le ve triste ni disgustado. Si ante se había entregado a las fiestas, ahora quiere cumplir rigurosamente las reglas de su orden. Sus hermanos se admiran por momentos de su docilidad y de la exactitud con que hacía todo lo que se le mandaba.

Empieza a prepararse para ser presbítero y, poco antes de llegar a ser sacerdote, enferma gravemente de tuberculosis. Mientras agoniza de su enfermedad, suele repetir las palabras de Jesús en el Huerto: "Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz de amargura, que se cumpla en mí tu santa voluntad". Siguió entonces el carisma de los Pasionistas, que consiste en buena medida en meditar frecuentemente la Pasión del Señor. Gabriel crece en la certeza de que aquellos sufrimientos lo vuelven más semejante a Jesús, y da testimonio de una paz y valentía impresionantes. Entre sus meditaciones también se incluían también lecturas de “Las Glorias de María” de San Alfonso María Ligorio.

Fue un 27 de febrero de 1862 cuando, después de recibir los sacramentos y haber pedido perdón por su mal ejemplo, expiró su último hálito de vida con las manos cruzadas sobre su pecho. No había llegado a cumplir los 25 años. Fue canonizado en 1920 y declarado patrono de los jóvenes, estudiantes y seminaristas.

 

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