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San Esteban

Inmediatamente después del día de Navidad, la Iglesia nos hace mirar a San Esteban, el protomártir de la Iglesia, que murió dilapidado en el s. I después de dar testimonio contra los libertos.

La vida de San Esteban ocupa un lugar importante dentro del libro de los Hechos de los Apóstoles. Su historia se enmarca cuando Esteban, hombre lleno de Espíritu Santo, polemiza con los libertos en la sinagoga. Ellos no podían hacer frente a la sabiduría y al espíritu con el que hablaba y en vez de reconocer las argumentaciones, prepararon algunas calumnias y llevaron a Esteban a juicio.

Ahí, delante del tribunal, al igual judío, Esteban continuó dando testimonio y argumentando con sabiduría. Se dice que en aquellos momentos su rostro parecía del de un ángel, mientras trataba de hacer razonar al corazón y la cabeza de aquellos libertos, que se llamaban así porque habían sido esclavos en Roma.

Esteban les llegó a llamar “obstinados e incircuncisos de corazón”, que oponen resistencia al Espíritu Santo. El culmen de ese diálogo llevó a este grupo a llenarse de ira y rabia, de modo que empezaron a empujar a Esteban fuera de la sinagoga, hacia las afueras de la ciudad.

San Esteban fue dilapidado acusado de blasfemia en la sinagoga, al igual que Jesús. Fue llevado a las afueras de la ciudad y apedreado violentamente, mientras él seguía orando a Dios diciendo: “a tus manos encomiendo mi espíritu”. Sus vestiduras las tiraron a los pies de un “joven llamado Saulo” (San Pablo) y este episodio fue el que desencadenó toda una violenta persecución contra la comunidad de Jerusalén. San Esteban es el primero en recordarnos que los mártires son semilla de nuevos cristianos.

 

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