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San Casimiro

El 4 de marzo la onomástica recuerda a San Casimiro, uno de los hijos del rey de Polonia, Casimiro IV Jagellón. Se entregó a la castidad, el amor a Dios y al prójimo en medio de la vida de la Corte polaca de la época. Renunció a casarse con la hija del Emperador y murió joven tras haber dado testimonio de una madurez sorprendente.

Tercer hijo de trece hermanos de la familia del rey de Polonia, nació en 1458 en Cracovia. Su madre era una católica esmerada que intentó vivir y transmitir el don de la fe a sus hijos. Educado por buenos maestros, llamaba la atención su virtud desde adolescente, además de su por el gusto de su fe. Se vestía humildemente y, a pesar de formar parte de la Corte, mortificaba su cuerpo para no dejarse llevar por las pasiones.

Devoto de la Pasión del Señor y del Jesús Sacramentado, ayudaba durante su jornada a su padre en las tareas de gobierno de los reinos de Lituania y Polonia. Y siendo como era, hijo del rey, sentía una predilección por los pobres, a quienes no despreciaba, sino que acogía compartiendo sus bienes, su tiempo, su inteligencia e incluso su influencia por ser Hijo del Rey.

Renunció a un matrimonio con la hija del Emperador, afirmando que le había prometido a la Virgen conservarse en perpetua castidad. Teniendo veinte años y en mitad de una vida de Corte donde las costumbres eran más relajadas, Casimiro daba muestras de una madurez inusitada y creció en santidad en muy pocos años.

Murió joven, con tan solo 26 años, tras enfermar de tuberculosis. Abrieron su sepulcro en Vilma después de más de un siglo y lo hallaron incorrupto. Sobre su pecho seguía colocada una poesía a la Virgen, cuya devoción gustó tanto de predicar en vida. Su nombre, “Casimiro”, significa “el que impone paz”.

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