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San Andrés Bessette

En las misma fechas en que celebramos la Epifanía de nuestro Señor, celebramos la memoria del canadiense Andrés Bessete. Un humilde religioso que vivió la pobreza material de forma radical, acercando a la fe a miles de personas a lo largo de su vida. Tuvo unas revelaciones místicas en las que se le apareció San José.

Nació en Quebec, el 9 de agosto de 1845, en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa. Tenía nueve años de edad cuando su padre falleció en un trágico accidente de trabajo. Tres años más tarde muere su madre. Trabajó de zapatero, panadero, labrador, herrero, y a los veinte años se fue a los Estados Unidos, donde trabajó en ranchos y molinos durante tres años. Hasta los 25 años, fue obrero en granjas, talleres y fábricas.

Ingresó a la Congregación de Santa Cruz en 1863 e hizo sus votos religiosos como hermano lego en 1866. El padre André Provençal le insistió en que entrara en la Congregación de la Santa Cruz, aunque Alfredo creía que no sería capaz de asumir sus responsabilidades por la mala salud, pero aceptó. El padre Provençal lo envió a los padres de la Santa Cruz con una carta de presentación, en que decía: “les envío un santo”. Recibió el hábito religioso el 27 de diciembre de 1870.

El hermano Andrés vivió la pobreza de manera radical. Nunca iba a dormir teniendo dinero en el bolsillo, a no ser que estuviera lejos del convento. Normalmente, las limosnas que le daban para la construcción del Oratorio, se las entregaba al Superior antes de ir a dormir. Cuando alguien le daba algo, lo metía al bolsillo sin mirar cuánto era. Él agradecía lo mismo unos céntimos que quinientos dólares. Siempre vestía su sotana de religioso, que estaba toda descolorida por el uso y el sol. Su ropa se la remendaba él mismo al terminar el trabajo del día. Procuraba usar todo hasta el fin.

Se destacó por su humildad pero también por su misticismo, después de que se le apareciera San José en 1900, cuya devoción no dejó de promover. Puso los cimientos de una basílica que constituye, actualmente, el lugar de peregrinaciones a San José más grande del mundo.
Fue portero del colegio Notre Dame, y fue el gestor de la construcción de la Basílica-Oratorio de San José, en 1904 y en la cual actualmente descansan sus restos. Además de esta labor, se dedicó a cuidar y visitar a los enfermos. Las curaciones que realizó fueron innumerables, logrando así una gran reputación como hombre milagroso. Murió santamente el 6 de enero del año 1937 en la ciudad de Montreal, Canadá a los 90 años de edad y fue enterrado en el oratorio.

En su beatificación fue considerada válida la curación, del señor José Audino de una enfermedad gravísima, llamada reticolosarcoma, que la Comisión médica del Vaticano consideró inexplicable para la ciencia. Fue beatificado el 23 de mayo de 1982 en el Plaza de San Pedro por el Papa Juan Pablo II. Para su canonización fue aceptado como milagro la curación del niño Alex Gagné de un trauma cráneo-encefálico grave. La canonización tuvo lugar en la Plaza de San Pedro de Roma el 17 de octubre del 2010 por el Papa Benedicto XVI.

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