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Los venezolanos celebran la fiesta de la Coromoto en el Zaidín

La parroquia de San Juan María Vianney albergó ayer por la noche la celebración de una Solemne Eucaristía por la Patrona de Venezuela, la Virgen de Coromoto. En un ambiente de fiesta, los venezolanos allí reunidos pudieron pedir el amparo de su patrona dentro de la situación difícil que atraviesa su país.

“¡Que chévere estar aquí todos reunidos por nuestra señora de Coromoto!”, exclamó el Vicario Territorial D. Hermes Eliazar a modo de monición de entrada de la Eucaristía celebrada ayer en San Juan María Vianney. Decenas de venezolanos, en su mayoría integrantes de la Asociación de Venezolanos “Amigos del Mundo”, aceptaron la invitación concedida por la parroquia para celebrar este día de fiesta para toda Venezuela.

El Vicario General Moderador de la Curia y párroco de San Juan María Vianney, D. Francisco Espigares, era el primero en dar la bienvenida a este grupo de migrantes acogidos en nuestra diócesis. En primera fila podían verse varias mujeres vestidas con un traje popular venezolano junto al resto de familias congregadas.

"Es una gran alegría sobre todo después de dejar tana casa, familia y arepas, el poder reconocer que tenemos un hogar, que tenemos una casa y que podemos también orar por nuestra querida Venezuela", reconoció D. Hermes en nombre de todos los fieles sudamericanos.

Fue un tiempo de agradecer, de celebrar y de implorar la intercesión de la Virgen de Coromoto como una verdadera Madre que cuida de sus hijos. “María es el signo de que Dios no abandona, de que no podemos sentirnos solos ni abandonados en medio de una vida cuesta arriba. María nuestra madre nos indica el camino. Dios no deja a sus hijos, solos, abandonados y tristes”, dijo con énfasis el Vicario Territorial caraqueño.

COMÚN UNIÓN ENTRE GRANADA Y VENEZUELA

Durante la celebración se recordó la “unión histórica” entre Granada y Venezuela, hermanadas por la fe gracias a la acción de Isabel la Católica, tal y como afirmaron tanto el párroco de San Juan María Vianney como el Vicario venezolano.

“Sin Isabel la Católica no hubiese llegado nunca ni la fe, ni la devoción a nuestra tierra. Cuando uno viene aquí siente uno que tiene sus raíces. En tres años que llevo aquí nunca he sentido que me discriminen”, dijo D. Hermes. Algo que confirmó D. Francisco Espigares, contento también de ver la riqueza de la fe alegre y sencilla expresada durante la Misa. “Estamos tan contentos de compartir esta fe tan grande, tan musical, tan divertida, que a los españoles nos gusta”.

“Este papá Dios nos hace estar todos unidos. Todos tenemos necesidad de paz, oración y reconciliación. Hoy mas que nunca los venezolanos han regresado a la oración, porque solo Dios puede sanar mis heridas, perdonar y derramar misericordia y justicia en el corazón de los venezolanos”, concluyó el Vicario.

Finalizada la Eucaristía, en la que se pudo rogar desde luego por la necesidades de estos migrantes con condición de refugiados en Granada y por las de la difícil situación política que atraviesa el país, los fieles presentes terminaron la alegre velada con una cena común en la que no faltaron las arepas y la música popular venezolana.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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