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La mujer y la familia centran la primera jornada del curso Amor Humano 2021

Los participantes del curso "Amor Humano: matrimonio y familia" en el claustro del CES La Inmaculada. Los participantes del curso "Amor Humano: matrimonio y familia" en el claustro del CES La Inmaculada.

El sábado 11 de septiembre tuvo lugar la primera sesión de un nuevo ciclo del curso “Amor Humano: matrimonio y familia”. Impartido en el Centro de Estudios Superiores La Inmaculada, esta primera sesión estuvo centrada en el papel de la femineidad de la mujer y en varias cuestiones de fondo que ayuden al acompañamiento de las familias primerizas.

Los responsables del curso “Amor Humano” retomaron con gran alegría la “presencialidad” de sus clases en el centro de La Inmaculada. Varias decenas de alumnos completaron la primera jornada de formación, de las cuatro que componen cada curso.

Lo hicieron dentro de ese clima de convivencia tan familiar, fomentado por los propios responsables del curso, y que caracteriza de manera especial a cada una de estas jornadas destinadas a formar a adultos llamados a acompañar a las familias en sus parroquias o en sus movimientos apostólicos.

EL GENIO FEMENINO

Esta primera sesión de septiembre comenzó con una charla que habló sobre la “Mujer: el genio femenino”, impartida por los profesores Juan José Medina y Mª Isabel Rodríguez. En ella se puso en alza el papel de la mujer como custodia de la vida, el amor o la cohesión social. También se hablaron de las agresiones que sufre la mujer en el mundo en forma de explotación, pobreza, prostitución y demás formas de violencia.

Tras revisar las últimas corrientes de pensamiento como el feminismo, la ideología de género o la evolución de la conferencia mundial sobre la mujer de la ONU, la segunda parte de la charla sobre la mujer se centró en la visión de la Iglesia desde la aportación de las Sagradas Escrituras, observando especialmente el papel de María en el Magníficat y el Apocalipsis, así como los encuentros de las mujeres con Jesucristo en el Evangelio.

Se hizo un repaso por la aportación del Magisterio de la Iglesia sobre la mujer a lo largo del siglo XX. Entre ellos, se recordó el mensaje final de Pablo VI en el Concilio Vaticano II o el contenido de la “Mulieris Dignitatem” como en su carta de San Juan Pablo II a las mujeres. Finalmente, se repasó el magisterio del Papa Francisco en su denuncia de la cosificación de la mujer y su apuesta por abordar todos los temas de promoción de la mujer tanto en la Iglesia como en la sociedad.

ACOMPAÑANDO A LAS FAMILIAS QUE NACEN

Por la tarde, el curso cambió de rostro al contar con la presencia de Carmela Baeza, médico especialista en lactancia materna. En su ponencia habló sobre la importancia del cuidado de la persona en sus primeros estadios de vida, dentro de su familia. Recordó que el bebé está llamado a aprender lo que es el amor desde el momento mismo de su nacimiento. En ese sentido, las madres adquieren en esos primeros años un papel fundamental, especialmente por medio de la lactancia. A través del contacto piel con piel después del parto, de la lactancia materna y la crianza cercana, los bebés aprenden que son queridos y comienza el desarrollo de su inteligencia emocional y social.

El desarrollo sexual de cada niño también viene también marcado por esta primera etapa infantil. El valor del afecto resulta fundamental, pues en ese saberse querido, protegido y digno de merecer cuidados desde el nacimiento sólo por el hecho de ser, se encuentra una de las bases de la persona. Esta certeza del propio valor es la base de la educación sexual.

Por último, la médico abordó el tema de la comunicación en el matrimonio y su relación con la crianza de los hijos pequeños. “Los hijos aprenden no de lo que decimos sino de lo que hacemos. Por tanto, saber que sus ojos están pendientes de nosotros puede ayudar a cuidarnos más, a mostrar más nuestro afecto, a pedirnos perdón delante de ellos. En este sentido, los hijos son un recurso inestimable para los padres, si éstos tienen la sencillez de dejarse cambiar”, dijo Baeza, reconociendo que esta época de los primeros años está repleta de cansancio y trabajo, a veces de dificultades, pero que también es una oportunidad para el crecimiento de la pareja.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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