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La Iglesia, “un lugar en el que cada persona es un regalo”

Homilía en la Misa previa al acto de graduación de los alumnos de los ciclos formativos en Educación Infantil, Dirección de Cocina y Cocina y Gastronomía en el Centro de Estudios Superiores “La Inmaculada”.

(…) Me da mucha alegría celebrar esta Eucaristía y celebrar esta graduación porque, aunque sólo aparezco de vez en cuando (…), yo tengo una alegría muy grande del centro formativo de formación profesional que ha nacido aquí y especialmente del de la cocina. Lo de la cocina parece una cosa, espontáneamente, por la tradición de donde venimos, muy poco relacionada con la fe, con el ser cristiano, que parecen todo valores, cosas espirituales, en definitiva humo… No hay nada espiritual en lo humano que no sea al mismo tiempo corporal. No estamos hechos de dos partes, una es alma y otra es cuerpo. Somos alma en el cuerpo, y no somos capaces ni siquiera de pensar sin palabras y las palabras las hemos aprendido oyéndolas, por tanto, a través de los sentidos; y los sentidos son algo importantísimo en la vocación, hasta tal punto que empieza a haber teorías educativas que dicen que nos educan las liturgias de las que formamos parte, las liturgias en las que formamos parte. Y el modo de comer, como el modo de vestir, pero más todavía el modo de comer y la concepción de la comida es algo muy importante en la vida humana.

Y por supuesto, el Señor le dio el papel que le correspondía que es muy grande. De hecho, al Señor no le acusaron, o no le decían “es que es un asceta inimitable”; es verdad que comenzó su ministerio con cuarenta días de ayuno y “después los ángeles le servían”, que es un recuerdo en el lenguaje judío (…) es una indicación de decir “y ahí comenzó de nuevo el Paraíso”. Porque, según las tradiciones orales judías, Adán en el Paraíso estaba servido por ángeles, incluso eso dicen esas tradiciones (…) que la caída de Satán y por lo que Satán se hizo enemigo del hombre es porque tuvo envidia de Adán y de Eva, que eran más pequeños porque tenían cuerpo, no eran espíritus puros y, sin embargo, Dios los quería más (…).

Hay un libro que se titula “Fe y comida”, toda la relación que hay entre cristianismo y comida. Ya en la tradición del Antiguo Testamento, cuando el Señor habla de las promesas del futuro, no describe lo que nosotros llamamos “las praderas eternas”. Habla de “Yo prepararé en aquel monte para vosotros un banquete de manjares suculentos y de vinos generosos”. A Jesús se le acusa de comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores. Y eso os aseguro que se discuta lo que se discuta los historiadores sobre qué textos del Evangelio puedan reflejar exactamente las palabras de Jesús, esas reflejan la de sus enemigos y no lo podían decir si no es porque había algo de verdad. Efectivamente, hay muchas escenas de Jesús en el Evangelio comiendo con publicanos y pecadores, y de cómo le recibió el publicano Leví en su casa y estaban allí en un banquete y Jesús alude “un rey que celebraba el banquete de su hijo”, “está en las Bodas de Caná” (…). Cuando nosotros decimos en la Eucaristía “dichosos los invitados a la Cena del Señor” (…), el texto original dice “dichosos los invitados al Banquete de bodas del Cordero” (…), de nuevo el cielo se describe como un banquete de bodas. La Eucaristía es un banquete de bodas, ciertamente, simbólico, misterioso, que anticipa el Cielo, pero donde el Señor misteriosamente se nos da y se une con nosotros para acompañarnos en el camino de la vida y se nos da como alimento. 

(…) 

Cada Eucaristía es una boda y es una boda en la que se cumple la Alianza nueva y eterna que ha hecho el Señor en la cruz con cada uno de nosotros, que se nos da como alimento para hacerse carne de nuestra carne, y vida de nuestra vida, y uno con nosotros y acompañarnos en el camino de la vida. Y eso a través de un gesto de comida, de un pan que nos da. ¿Qué significaba ya en el tiempo de Jesús? La Comunión. ¿Por qué le acusaban a Jesús de comer con publicanos y pecadores? Porque la comida era siempre un gesto de comunión y si uno entraba a comer a casa de un pecador, no podía ir a la sinagoga, tenía que purificarse y a veces durante tiempo, y mucho tiempo, para poder volver a participar normalmente del culto judío (…)

Entrar a comer en casa de un pastor o de un publicano era una ofensa y era una impureza legal en la que uno tenía obligación depurificarse. Pero cuando hablamos de mujer pecadora nosotros en seguida pensamos en una mujer de la calle, o en una mala mujer, o en una mujer que ha roto su familia y que la ha destruido, cosas así… no tenía nada que ver. La mentalidad judía era muy diferente a la nuestra. La mujer de un pastor, por vivir con un pastor, era una persona que se había excluido para siempre de la comunidad judía, nunca podría entrar en el templo ni en la sinagoga de por vida. Y Jesús entraba y comía con ellos. Y esa fue una de las razones de su muerte, que le llevaron a la muerte.

(…) Dios ha creado a todas las criaturas de forma que tengamos que comer y que descomer. Y eso ya invita a una reflexión sobre nuestra condición de criaturas. Significa que todos tenemos necesidad de todo y todos vivimos de otros, porque lo que comemos son productos, por otra parte, de la tierra. Y lo que descomemos sirve para hacer nuevos productos de la tierra que servirán de alimento a otros en otro momento o en otro tiempo. Pero eso significa que el ideal de autonomía del hombre moderno del siglo XIX para acá es una memez, porque si pensáramos simplemente en el hecho de la comida, y eso tiene implicaciones para la ecología y un montón de cosas, nadie somos autónomos. Si Dios quisiera que fuésemos autónomos, nos habría creado como unas capsulitas de cualquiera de las que se vende en las farmacias, cerradas en sí mismas y que no tuviéramos necesidad de nada. Pero tenemos necesidad. Tenemos necesidad de otras cosas. El hecho de comer significa esa necesidad y el comer en común es una expresión de que además cumplimos en común esa necesidad, nos ayudamos unos a otros y trasladamos eso que se expresa en el hecho físico de la comida lo trasladamos a un nivel humano haciendo público, notorio, que tenemos necesidad unos de otros, que no podemos vivir unos sin otros. Ojalá en la enseñanza sobre la comida también sepamos descubrir una cultura de la comida en la casa, que por lo menos un día a la semana que la comida sea un lugar (…). Un libro americano de filosofía de la comida se titula “El trabajo del amor”. Yo sé que los profesores sois profesionales de la cocina y cada vez se profesionaliza más, como el arte también, pero es verdad que, en último término, en el día a día, en nuestra vida cotidiana, el arte de la cocina es un arte de amor, porque uno piensa en el disfrute de otros. Me parece una cosa preciosa, simplemente.

Que el Señor nos ayude a través de la cocina, o en cualquier caso, que comprendamos que la vida es para aprender a querernos mejor unos a otros, porque todos tenemos necesidad unos de otros, porque nadie somos autónomos ni lo seremos nunca, gracias a Dios. Y es muy bonito ser consciente de ello: de que uno tiene siempre necesidad de los demás y los demás tienen necesidad de uno.

Termino con una descripción de lo que es la Iglesia si cayéramos en la cuenta de ello: un lugar en el que cada persona es un regalo; donde cada uno somos un regalo para los demás. Esa sería la Iglesia y ése sería un mundo según el designio de Dios y sería un mundo precioso. 

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada 

14 de junio de 2019

Capilla Centro de Estudios Superiores “La Inmaculada”

Granada

 

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