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“La homilía no puede ser una epifanía de la propia sensibilidad”

El Seminario Mayor San Cecilio acogió ayer 11 de marzo unas nuevas Jornadas de Formación Permanente del Clero, que se iniciaron con una charla centrada en la importancia de la homilética a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

La sesión de formación del clero se iniciaron con la intervención del profesor de liturgia en la Facultad San Dámaso de Madrid, D. Manuel Fanjul, que se dirigió a todos los sacerdotes presentes para hablar sobre este aspecto tan destacado normalmente en la vida pastoral y de bastante importancia para la vida de fe de muchos fieles, algo que confirma el hecho de que las diversas casas editoriales cristianas suelen vender muchos libros recopilatorios de homilías.

Una idea fundamental destacada por el profesor Fanjul fue que lo más crucial a considerar con respecto a la homilética es que ésta forma parte integrante de la liturgia, no es un añadido a una celebración eucarística, o algo “sobrepuesto” a una misa, sino parte integrante de la misma celebración. Jesucristo, Verbo Encarnado, es en realidad el verdadero anunciador del Evangelio, y no el sacerdote en sí.

Si se entiende la predicación como algo separado de la liturgia, o como un “momento de gloria” para el sacerdote, se corre el riesgo de “interferir en el diálogo amoroso del Padre con su Pueblo y del Pueblo con su Padre”, afirmó. “La razón de que se diga que una homilía haya de ser breve no es porque pueda cansar, sino porque tampoco puede tener un peso y una trascendencia que no le corresponden”.

Es el sacerdote o el diácono quienes tienen la labor exclusiva de la predicación en una Eucaristía o durante la liturgia, no por una cuestión de capricho o de elitismo, sino porque sacramentalmente son ellos los que actúan ‘in persona Christi’.

EDUCACIÓN MISTAGÓGICA

Al mismo tiempo, D. Manuel Fanjul insistió en la importancia de la recuperación del sentido didáctico de las celebraciones y del tiempo litúrgicos. “La celebración litúrgica ya tiene un sentido didáctico, no necesita de un añadido. El año litúrgico debe recuperar el carácter mistagógico del Misterio de Cristo”. Por tanto, es la propia liturgia la que tiene que ayudar y educar, y no tanto la labor homilética.

La homilía es un elemento más dentro de la liturgia y ésta cuenta con otros elementos como la contemplación, la eficacia de los signos y símbolos, la predicación de la Palabra o el canto, que ayudan igualmente a educar en el sentido religioso del Misterio cristiano de lo que se celebra.

El sacerdote debe de tener muy en cuenta igualmente el sentido pedagógico del tiempo litúrgico, que se ha de vivir semanalmente “de domingo a domingo”. Es el Concilio Vaticano II el que considera el domingo como el fundamento del año litúrgico, “pues en un año, de domingo a domingo, vamos a través del recuerdo de los Misterios del Señor, celebrando el Misterio del Señor”. “Hay que tener una visión unitaria de los tiempos litúrgicos, que no descansa en el tiempo litúrgico sino en el Señor. A veces concedemos mucha importancia a los medios y los convertimos en el centro”, sintetizó.

UN RETO PARA EL SACERDOTE

La homilía debe ser algo que el sacerdote ha de preparar y no solo, sino en un diálogo previo con los fieles. Se reconoció la dificultad que tienen los propios sacerdotes a la hora de interpretar las traducciones del nuevo Misal romano, pero se señaló que del esfuerzo en desentrañar esos pequeños cambios, forma también parte la labor del sacerdote y su ministerio de servicio a los fieles.

El papel de la homilía, ocupando su justo lugar, no debe sustraer tampoco la labor de diálogo del pastor que escucha las necesidades de sus fieles. Este diálogo no debe de producirse durante la homilía, sino que tiene que ser previo, de tal modo que la predicación del sacerdote esté al servicio de su pueblo y no tanto de sus intereses o ideas, que muchas veces pueden correr riesgo de resultar abstractos o ajenos a éste. “La tarea no es enseñar la propia sabiduría, sino la Palabra Divina. No exponer pensamientos o experiencias propias como formas de automanifestarse a uno mismo. Ni siquiera la retórica debe ocupar un lugar central, sino siempre el anuncio de la Palabra Divina”, concluyó el profesor Franjul.

El papel de la homilía no puede reducirse tampoco a un discurso racional. “Hablamos de una penetración en el Misterio de Cristo, pero no solo por la vía de las ideas y de la inteligencia”, matizó, “que es una de las grandes tentaciones del hombre moderno a la que nosotros muchas veces respondemos que sí”. La predicación no consiste por tanto en una repetición de ideas y eslóganes, olvidando que existen otras realidades vitales. “Los presbíteros tenemos que hacer un esfuerzo de que estos textos cobren sentido en la vida concreta y en los deseos del corazón de los creyentes, en las cuestiones más apremiantes de la conciencia humana”

Esta responsabilidad del sacerdote puede ser por omisión una falta de caridad y, con todas sus dificultades, no deja de ser un desafío o un reto para todo sacerdote. "Nosotros somos los primeros que les decimos a los matrimonios que tienen que renovar su amor, la ilusión...", y al sacerdote se le invita a renovar su amor concreto dentro de su labor homilética.

Finalmente, D. Manuel Franjul habló de otros momentos litúrgicos en los que la homilía puede resultar especialmente propicia, como las misas con los niños, durante el rezo de la Liturgia de las Horas, en el aniversario de la dedicación de un templo o dentro de las liturgias penitenciales.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

 

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