Fecha de publicación: 6 de febrero de 2012

 

El Arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez, y el Obispo de Guadix, Mons. Ginés García, en representación de los Obispos del Sur de España, presidieron la Eucaristía en memoria del sacerdote granadino, fallecido el pasado 22 de enero.

La iglesia de los Santos Mártires Justo y Pastor de Granada acogió el pasado día 3 la Eucaristía en memoria del sacerdote granadino D. José Giménez y Martínez de Carvajal.

Mons. Javier Martínez, Arzobispo de Granada, y Mons. Ginés García, Obispo de Guadix, presidieron un funeral marcado por la acción de gracias por su vida, dedicada durante muchos años al servicio de la Iglesia. En esta misa funeral también estuvieron presentes el Vicario General de la Diócesis de Granada, D. Manuel Reyes, y el Delegado  de Granada para el Patrimonio Cultural, D. Antonio Muñoz Osorio, así como algunos sacerdotes de la Diócesis, y numerosos familiares y amigos del sacerdote granadino.

D. Javier Martínez agradeció al Obispo de Guadix su presencia en representación de los Obispos del Sur, que en su última Asamblea, reunidos los Obispos de las Provincias Eclesiásticas de Granada y Sevilla, hicieron memoria de la gratitud hacia Martínez de Carvajal. Asimismo, recordó el gran trabajo que había dedicado a esta Asamblea, en tantas ocasiones y documentos en los que había sido “decisivo”.

En la homilía, el Arzobispo explicó que esta celebración, era, ante todo, “una ocasión para nosotros de reforzar nuestra fe y nuestra esperanza en Jesucristo”, y señaló que era una acción de gracias porque “sólo por el hecho de ser cristianos somos capaces de dar gracias (…) incluso en el momento de la muerte de un ser querido”. “La muerte no tiene en nuestra vida la última palabra”, añadió Mons. Martínez.

Asimismo, nuestro Arzobispo dio gracias por la vida de D. José Giménez, al mismo tiempo que reiteraba el agradecimiento de toda Iglesia por su trabajo: “La Iglesia entera puede dar gracias a Dios por la vida de este sacerdote, jurista eminente, que sacrificó tantas horas a asegurar, hasta donde fuera posible -en los años de la Transición, hasta que se llegaron a firmar en el 1979 los acuerdos Iglesia-Estado-, la libertad de la Iglesia. El bien más precioso para la Iglesia, que es el único que la Iglesia reclama y pide siempre; ningún otro privilegio nos interesa. De hecho, no queremos ningún privilegio, pero la libertad que corresponde a todo ser humano, por el hecho de serlo, la reclamamos también para los creyentes, también para la Iglesia de Dios, también para el pueblo cristiano”.

“Hoy pedimos por su alma, que el Señor le dé la recompensa que corresponde a los buenos pastores, a los buenos sacerdotes, que lo una al número de sus santos y perdone sus faltas”, concluyó Mons. Martínez, pidiendo al Señor también para los presentes la fe y la esperanza, siempre “arraigados en Cristo, firmes en la fe”, recordando el lema de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada el pasado mes de agosto en Madrid.