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Casi 50 años de afecto, amor y familiaridad en el Hogar Sacerdotal

Eucaristía de acción de gracias con las Hermanas Mercedarias de la Caridad que, tras casi 50 años de atención en el Hogar Sacerdotal y ser una familia para nuestros presbíteros diocesanos, ceden el testigo a la nueva congregación que se ocupará del lugar.

Son su familia y el hogar donde nuestros sacerdotes diocesanos llegan para ser atendidos y acompañados en la última etapa de su vida. Son las Hermanas Mercedarias de la Caridad y es el Hogar Sacerdotal ubicado en Plaza de Gracia, junto a la parroquia del mismo nombre. Se cumplen casi cincuenta años de la presencia de las Hermanas en el Hogar Sacerdotal, en una labor que ahora concluye para dar paso a otra congregación de hermanas, que, a partir de ahora, se ocuparán de atender, acompañar y ser también familia para nuestros sacerdotes diocesanos.

El domingo día 10 las Hermanas se despedían con una Eucaristía que, en la propia capilla del Hogar Sacerdotal, presidía nuestro Arzobispo y concelebraba el Director del Hogar Sacerdotal, D. Antonio Valverde, así como los sacerdotes que allí residen, acompañados por las Hermanas Mercedarias de la Caridad que han atendido este Hogar del presbiterio diocesano, su Provincial sor María Doblas Pino y hermanas de la propia congregación, así como personas cercanas a la vida y misión de las Hermanas Mercedarias en el Hogar.

EN COMUNIÓN
En su homilía, Mons. Javier Martínez insistió en que no se trata de una despedida porque seguimos como miembros del mismo cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, en comunión. “Seguimos unidos en la Eucaristía. Seguimos unidos en la misión”, señaló. “Siempre estaremos unidos en el Cuerpo de Cristo. Siempre seremos miembros los unos de los otros. Siempre seremos parte del mismo Cuerpo, de esa ‘Iglesia una’ que profesamos cada domingo en el Credo”, subrayó nuestro arzobispo.

Sin embargo, y aun conscientes de esta pertenencia al mismo cuerpo y a la misión de caridad y propagación del amor de Dios a todo el mundo, las Hermanas Mercedarias de la Caridad acogían con serenidad esta despedida pero también con dolor, por la familiaridad que durante casi 50 años se ha generado con cada una de las personas que por allí han pasado, como el hogar que es.

“Lo vivimos con dolor, porque aunque sea una despedida pasajera, en esta vida tenemos que decir adiós a la Casa Sacerdotal y para nosotros supone dolor. Y gracias a Dios que supone dolor porque eso quiere decir que ha habido entrega, que ha habido comunión, que ha habido un feedback fraterno entre todos los que han vivido en esa casa. Que haya dolor por la despedida significa que ha habido una presencia de amor de esas personas, una relación”, explicó sor María Doblas Pino, Provincial de las Hermanas Mercedarias de la Caridad.

AGRADECIMIENTO
Y en todo ello lo que prevalece es el agradecimiento del Arzobispo y, en su nombre, de la Diócesis por la entrega generosa y amorosa de las Hermanas en esta misión hacia nuestros sacerdotes diocesanos, que han sentido como familia.

“Gracias, hermanas. No lo sé decir mejor, pero lo digo con todo mi corazón. Le damos gracias al Señor por la gracia y la ternura y el amor que ha significado vuestra presencia aquí”, señaló Mons. Martínez, quien también subrayó los millones de gestos sencillos y palabras amables que siempre han tenido con todos, aun también en personas con carácter o circunstancias difíciles.

Nuestro Arzobispo habló de una “paciencia, ternura, delicadeza, ejercicio de una maternidad espiritual preciosa que habéis sabido ejercer con una generosidad y una exquisitez muy grande”, que “sólo el Señor sabrá pagaros”. “Nosotros no podríamos pagar un beneficio tan grande como el que hemos recibido, y como aquí el beneficio ha sido tan inmensamente grande, porque brotaba de vuestra consagración al Señor, pues nunca, nunca, nadie, ni el de todos juntos, podríamos pagar ese beneficio. Lo pagará el Señor a la medida infinita de su Gracia”, explicó Mons. Martínez.

TRANSICIÓN
Ahora se presenta un tiempo de transición hasta que la nueva congregación de dominicas se ocupe del Hogar en un proceso en el que las Hermanas Mercedarias de la Caridad enseñen a las hermanas de la nueva congregación los modos y costumbres del lugar, para continuar el mismo camino en la atención a nuestros sacerdotes diocesanos.

Hasta entonces, ambas comunidades atenderán conjuntamente el Hogar. Entretanto, dos de las hermanas Mercedarias se marchan esta semana a sus nuevos lugares de misión y otras tres continuarán para ayudar a la nueva comunidad, en lo que necesiten para afrontar su nueva labor.

Las Hermanas Mercedarias de la Caridad es una congregación presente en nuestra Diócesis en Cájar, y en el ámbito educativo están presentes con el colegio Nuestra Señora de las Mercedes (en la Plaza de los Tiros, frente a Capitanía) y con un centro de protección de menores, en el Albaicín, frente al monasterio de Santa Isabel la Real, de acogida a niños y niñas procedentes de familias rotas y desestructuras, también menores inmigrantes que han llegado a nuestras costas en patera.

Las Hermanas continuarán con su misión viviendo su vocación como Mercedarias de la Caridad en otros lugares: sor Rosario, en la casa de espiritualidad de Cájar; sor Dolores, en el hogar de menores en el Albaicín; sor Carmen, en el hogar sacerdotal de Córdoba; sor Ana, en una casa de hermanas mayores en Málaga; y sor Clotilde, a una residencia de mayores de La Rambla en Córdoba.

El Hogar Sacerdotal recibe una nueva congregación, pero siempre llevará el sello de las Hermanas Mercedarias de la Caridad y de su fundador, el padre Zegrí, tal y como aseguró Mons. Martínez, agradecido en nombre de toda la Diócesis por tanto bien, amor, ternura y afecto allí desplegados durante casi cinco décadas.

Paqui Pallarés

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